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Detrás de cámaras: Veteranos de guerra desterrados por ser indocumentados

La historia de dos ex soldados que pelean una guerra sin armas. Lo hacen desde un país al que jamás han servido, pero que hoy los acoge en su condición de veteranos desterrados.
Sus padres trajeron a Héctor Barajas desde México cuando él tenía apenas 7 años. Pasó la mayoría de su niñez en Compton, California en la casa en la que todavía vive su madre. De 1995 a 2001, Héctor fue un soldado del ejército estadounidense, recibió dos medallas de logro militar, medalla por buena conducta y una medalla humanitaria entre otras.
Pero desde 2004 ha vivido en Rosarito, México en contra de su voluntad al haber sido deportado por un delito menor que dice que ni siquiera cometió. Héctor era residente permanente y dice que su error fue ir en un vehículo con amigos que dispararon al aire desde el automóvil en movimiento.Héctor era residente permanente y dice que su error fue ir en un vehículo con amigos que dispararon al aire desde el automóvil en movimiento.
Margarita es la mamá de Héctor, ciudadana estadounidense. Vive a tan solo dos horas de su hijo y lo visita cuando pueden llevarla, pero no es muy seguido. Como madre no justifica el error de este veterano, pero exige que tomen en cuenta lo que él dio por este país.
Fabián Rebolledo es otro veterano, quien sirvió en Kosovo, él fue deportado hace 6 meses, también era residente permanente y vive con Héctor en el departamento de Veteranos Desterrados.
Según él, su error fue aceptar como forma de pago un cheque sin fondos por un trabajo de construcción que hizo. Fue arrestado y luego deportado. Hoy se lamenta no haber contado con un buen abogado que haya evitado la deportación.
Cientos de nombres de veteranos desterrados están escritos en una pizarra dentro del humilde apartamento de Héctor. Por ahora, la única manera de que puedan regresar a los Estados Unidos es cuando hayan muerto. De esa manera su cuerpo puede ser trasladado a un cementerio de veteranos y ser sepultado con todos los honores militares.
Por ahora Héctor y Fabián luchan desde Rosarito por regresar en vida a Estados Unidos. En esta guerra ellos no llevan armas, no tienen un superior que les dé órdenes de cómo proceder y ganar la batalla. Pero esperan un día cruzar la frontera y volver a la vida que dejaron.

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